El esqueleto se movió lo que se pudo la semana pasada, la fiesta en la parroquia de Santa Rosa fue el final de la semana Juvenil, a la espera de los deportes del domingo. Los chicos se han preparado con sus mejores ropas para la fiesta, y han sacado a bailar a Clara, Julia, Karen y Florencia. Como en los ambientes europeos, había bastante humo en el ambiente.

Además ha sido nuestra primera experiencia en dos de los medios de transporte más populares de la zona, la mototaxi y la combi. Para ir hemos probado el primero de ellos, la mototaxi, una especie de vespino a tres ruedas, donde en el lugar de dos personas se sientan tres, aparte del conductor. Nos hemos montado Karen, Clara y Javier en una, y Julia e Isabel en otra. Y para la primera vez no ha estado muy mal. El precio aproximado de estas motos es de unos 7200 soles (aproximadamente unos 2000$), y que incluye un microondas de regalo.

La vuelta de la fiesta fue en combi, una pequeña furgoneta, similar a las antiguas “volswaguen”, con 10-12 lugares muy apretados, y donde se montan 5 o 6 más, que tienen que ir de pie muy encorvados por delante del resto de pasajeros, porque son muy bajas. Hay que montarse corriendo a las voces de un revisor que dice gritando “Sube, sube, sube…baja, baja, baja”. Una vez dentro hay que gritarle la parada, dando cualquier referencia de la zona, “la 22” o “en el triángulo”. Como las combis están muy usadas y las carreteras tienen muchos baches, estamos siempre volando y dando con la cabeza en el techo.

El domingo hemos ido de excursión a Lima, pero antes hemos asistido a misa de 8:30, donde fuimos mencionados y agradecidos por nuestro trabajo y solidaridad, y nos pidieron que nos pusiésemos de pie para que todos nos conociesen. Imaginen a 100 personas mirando para tres.

De camino a Lima empezó la aventura, cogimos la combi desde Tablada al Mercado mayorista de Flores, al que llegamos tras 45 minutos de viaje no muy turbulento. Una vez allí hemos caminado entre un sinfín de puestos donde se vendían todo tipo de flores, desde las rosas más comunes a los bastones, una preciosa flor de la selva. Además existen puestos de todo los productos relacionados con las flores y sus cuidados, abonos, tierras, macetas, centros florales, etc… Además hemos probado dos nuevos frutas, la lúcuma, una fruta amarilla con una carne pastosa pero muy sabrosa, y la chirimoya, el mejor de los hasta ahora probados. Una fruta verde de sabor dulce, que devoramos como si hiciese días que no comíamos. No existen muchas palabras para expresar como sabia, lo sentimos, tendréis que venir a probarla.

Desde ahí, en una nueva combi, hemos llegado hasta la iglesia de Santa Rosa, patrona de Lima, donde hemos visitado la iglesia y el claustro, donde se encuentra la ermita en la que ella oraba y el pozo, al que numerosos devotos, ya que es uno de los santos más venerados del país, arrojan cartas con sus deseos y peticiones.

Justo en frente de la iglesia se encuentra la casa donde nació San Martín de Porres, otro de los santos que más seguidores presenta en la capital. Desde ahí nos hemos dirigido la iglesia del Cristo de los Milagros, y en el camino todas las tiendas están dedicadas a la venta de recuerdos sobre Santa Rosa y turrón de Doña Peña, típico de las procesiones del Señor de los Milagros. Este Cristo, cuenta la tradición que fue dibujado por un esclavo, el cual lo pinto de color, y fue obligado a borrarlo, algo que no se pudo realizar. En la actualidad, no se trata de un Cristo negro, pero si presenta un color más oscuro de lo habitual.

Desde ahí hemos empezado a callejear por el centro de Lima en dirección a la Plaza de Armas, el centro de la capital. Por el camino hemos contemplado algunas calles de aspecto colonial que contrastan con edificios de nueva construcción situados a su vera. Tambien hemos visto la iglesia de la Merced, que en su fachada presenta muchas columnas torsas muy trabajadas, y una concha sobre la puerta de madera con gigantes pregos de hierro.

Ya entrando en la plaza, nos ha sorprendido una procesión en honor de San Miguel, en la que numerosos grupos folklóricos bailaban con mucho entusiasmo y energía al son de la música, envueltos en increíbles trajes típicos, con mucho colorido y detalle, y que en ocasiones se acompañaban de máscaras muy elaboradas. Muchos de ellos provenían de Puno, la capital del folklore peruano. Observando la procesión, haciendo fotos y grabando algún que otro video se nos ha pasado más de una hora.

Tras esto, nos hemos sentado a comer uno de los platos típicos, el pollo a la brasa acompañado de la bebida nacional, competencia de la Coca-cola y única del mundo que la ha superado en ventas dentro del país, la Inka cola, y que posteriormente ha sido comprada por la gran empresa americana. Se trata de una bebida gaseosa de color amarillo radioactivo y con un sabor, a nuestro criterio, demasiado dulce. Del pollo ya hablaremos más adelante.

Después de comer hemos continuado nuestro paseo por Lima, visitamos la plaza de armas, con el palacio del Gobierno, el del obispado y la catedral, todo desde fuera ya que se encontraba cerrado. Aquí se encuentran algunas casas coloniales muy cuidadas con sus increíbles y detallados balcones de madera.

Desde aquí nos dirigimos a la iglesia de Santo Domingo, donde se encuentran los cráneos de Santa Rosa y San Martín de Porres. Justo en frente se encuentran unos pequeños artesanales y nos dirigimos a la iglesia jesuita de San Pedro.

Está es probablemente la iglesia más bonita de todas las vista. Las paredes se encuentran cubiertas a un tercio de altura de mosaicos que forman cuadros, y encima pinturas con escenas bíblicas o religiosas y mucho dorado. En sus naves laterales había varias capillas, cada una con su santo, y sus altares estaban adornados con tallas doradas del barroco colonial y numerosos espejos.  En el transepto hay un gran trabajo en talla de madera negra con muchos detalles.

De aquí hemos cogido un taxi para ir al mercado Inca de Miraflores, con una bastísima extensión de distintos artesanales, cerámica, joyería, pinturas, calabazas decoradas con pinturas muy detalladas, lanas de alpaca, vicuña y llama, etc…de todas las regiones del Perú. Miraflores es uno de los barrios más ricos de Lima, y por ello los artesanales son tres veces más caros que los del centro de la capital.

Por último nos dirigimos a Larco Mar para que Clara vea el mar y absorba su energía. Se trata de un centro comercial al estilo americano que ha sido edificado debajo de un acantilado. La plaza bajo la que se sitúa es Salazar.

Tras todo esto hemos emprendido el viaje de vuelta a casa. Podemos decir que al final del día nos damos cuenta de que Lima es una ciudad muy distinta, con grandes contrastes tanto en las casas, como los niveles de vida, donde contra numerosos barrios pobres se enfrentan uno o dos barrios extremadamente ricos. Es muy difícil de imaginar sin verlo, porque es increíble. Lima, una ciudad con más de 120km de norte a sur y 30 de este a oeste, todo ello con casas extremadamente pobre a medio construir, y la opulencia de tres barrios muy restringidos.

Pasado el día de descanso regresamos a nuestras tareas. Tanto en el centro médico y  las casas de los habitantes de Tablada. Por la tarde hemos comenzado un nuevo curso de primeros auxilios en Corona de Santa Rosa, un asentamiento joven situado en un cerro junto a la fábrica de cementos Lima. Las casas tienen por cimientos/fondaciones neumáticos, sacos y demás cosas que se puedan imaginar. Los baños se encuentran fuera de casa, y se componen de dos o tres tablas o un plástico. En esos momentos se estaban acabando las obras para la introducción de la electricidad y saneamiento, que habían comenzado 4 meses atrás y deberían llevar 2 acabadas.

Volvemos al hogar y salimos al mercado para comprar papas para preparar tortilla española para la cena. Estaba divina.

A la mañana siguiente las chicas se encontraban malas con diarrea al final de una semana en Perú. Sospechamos de las lentejas del día anterior. Pero así mismo cumplimos con nuestras tareas diarias, al igual que el miércoles, aunque por la mañana hemos ido a Villa Salvador en busca de mubles para el consultorio. Nos quedamos “fascinados” con la “elegancia” de los mismos, cuando tengamos nuestras casas vendremos ya sabemos donde ir por los muebles.

El jueves antes de comer hemos cogido un taxi para visitar las cercanas ruinas arqueológicas de Pachacamac, pero antes nos hemos detenido en el comedor social de la parroquia de Santa Rosa. En Pachacamac hemos subido al templo del Sol, delante del océano Pacífico, sus ruinas, edificadas con ladrillos de adobe y piedra, tienen una planta trapezoidal. Este fue el centro de culto durante la ocupación Inca (1450-1533). Un poco más adelante hemos visto el palacio de las Mamacunas, edificio con numerosos laberintos, ventanas y puertas trapezoidales de adobe y donde vivían las mujeres que cuidaban de los niños y formaban a novicias. La zona de Pachacamac es muy desértica.

Desde aquí nos hemos dirigido a la playa de San Pedro para tocar con nuestras manos las aguas del Pacífico. En frente de la playa hay unas islas que por su forma recuerdan la figura de una ballena. Hemos aprovechado la ocasión para saborear el chicharrón de pescado, una de las especialidades gastronómicas de Perú. El chicharrón es una fritura de cualquier producto, en este caso pescado cortado pequeñas tiras. En el regreso hemos parado en la plaza de Lurín y visto su catedral, y en un supermercado para hacer las compras.

De vuelta a casa, hemos tomado un Tico, un taxi muy pequeño, donde nosotros tres y Aurora pasamos los momentos más alucinantes de nuestras vidas. Pero os dejamos con la intriga hastas la próxima semana.

 

Saludos para todos y hasta la próxima.